Revista-78

-82- / ICAP-Revista Centroamericana de Administración Pública, (78): 68-97, Enero-Junio/2020 ¿Qué caracteriza la integridad de un funcionario u organización?, ¿Qué caracteriza a los políticos que actúan con integridad? En general, ¿Qué es la integridad? Desde la perspectiva de Montefiore y Vines (1999), la integridad es consonante con los sig- nificados de las integridades latinas, es decir: in- tacto, entero y armonía con la integridad como «totalidad» o integridad como consistencia y coherencia de principios y valores. Por su par- te, otras visiones la definen desde la responsa- bilidad profesional (incluida una visión centrada en tener en cuenta el entorno), como expresa Karssing (2000): “…significa que un profesional ejerce sus tareas de manera adecuada, cuidado- sa y responsable, teniendo en cuenta todos los intereses relevantes” (p.3). Otras perspectivas se centran en uno o más valores específicos (Dobel, 2016), p. ej.: inco- rruptibilidad, honestidad, imparcialidad y res- ponsabilidad (como también en muchos códigos de conducta). Una visión que encaja en esta ca- tegoría, relaciona la integridad con las virtudes, como forma de actuar en línea con las virtudes, es decir, como la sabiduría, la justicia, el valor, y la templanza (Becker y Talsma, 2016; Tongeren y Becker, 2009). Otros puntos de vista se caracterizan más por la relación entre integridad y moral; en otras pa- labras, lo que es correcto e incorrecto, bueno o malo. El primero ve la integridad como una re- flexión abierta sobre la moral (Carter, 1996). Otros plantean la integridad más como un con- cepto general, uno que combina conjuntos de va- lores que son relevantes para el funcionario que se juzga. Entre éstos, se encuentra una atractiva perspectiva legal, debido a la claridad de las leyes y normas y el enfoque en «valores constituciona- les o de régimen» (Rohr, 1989: 4-5). Otra perspectiva de análisis argumenta que es necesaria una interpretación más amplia porque la «legislación» no ofrece un principio rector cla- ro para muchos aspectos de los procesos reales de toma de decisiones y gobernanza, en términos de cumplir con los valores y normas morales rele- vantes. Esta interpretación, por supuesto, se acer- ca a: “una forma general de actuar moralmente” (Brenkert, 2004: 5), o como lo expresó De Geor- ge (1993), “…actuar con integridad, es lo mismo que actuar ética o moralmente” (p.5). Finalmente, vale decir, que la integridad es «algo» por lo que debemos luchar, por constituir: “el valor moral e incluso el heroísmo” (Brenkert, 2004:5); es decir: “…significa cumplir de manera ejemplar con nor- mas morales” (Van Luijk, 2004: 39). 4.1. Integridad como calidad moral. La integridad se ve como la calidad de actuar de acuerdo o en armonía con los valores, normas y reglas morales relevantes. Sin embargo, una ilustración concreta podría ayudar a aclararlo. Por ejemplo, ¿Qué línea de razonamiento es apropiada cuando se discute la integridad de un miembro del gobierno nacional, un ministro del gabinete o un secretario de estado? (Huberts, 2014, pp. 44-45). Al juzgar la integridad de un ministro del gobier- no, de debe enfocar su comportamiento políti- co; por lo tanto, un primer elemento de integri- dad es si el ministro es constante y coherente, no cambia su pensamiento político todos los días o éste es incongruente con su acción. Sin embargo, algunos ministros son muy consisten- tes en el mal uso de su autoridad y cuentan con el respaldo de una extensa red que los relaciona con su entorno. Por lo tanto, un ministro corrup- to aún puede ser conductualmente consistente y estar completamente integrado en un entorno corrupto. Por lo tanto, un juicio de integridad siempre plantea la dimensión moral, la cuestión de lo que se considera correcto e incorrecto. Esta dimensión moral, sin embargo, debe ir más allá de los valores y normas morales del ministro o funcionario público. Las percepciones indivi- duales de integridad a menudo se limitan a eva- luar el comportamiento en términos de los valo- res personales. En este sentido, una investigación desvelada por Naeyc et al., 2004), que incluyó 43 entrevistas a profundidad, los agentes de policía entrevistados enfatizaron que: “es una especie de sentimiento; ser capaz de mirarse en el espejo”,

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